Internet de las Cosas: ¿puede ayudar a reducir la contaminación del planeta?

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Todos hemos oído hablar alguna vez del cambio climático, ya sea en la radio, en la televisión o en el trabajo. Y sí, la mayor parte de la contaminación del aire es originada por el ser humano. Los gases que suelta el tubo de escape de nuestro coche o moto, el alumbrado, las calefacciones, el tabaco… son algunos de los focos más activos de contaminación diaria.

La causa del cambio climático es el calentamiento global, es decir, el planeta está experimentando un aumento de temperatura de una manera rapidísima. Hasta ahora, el calentamiento y el enfriamiento de la Tierra se habían producido de manera natural y lenta durante millones de años. El ser humano es el causante del mismo, pero también se convierte en una pieza clave a la hora de tomar medidas que reduzcan los efectos. En menor medida, elementos naturales de origen geográfico o meteorológico también influyen en dicho cambio.

Según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud), 9 de cada 10 personas respiran aire tóxico. Una elevada cifra que afecta en mayor medida a los habitantes de las ciudades. China es el principal país emisor de dióxido de carbono, seguido por Estados Unidos y los países miembros de la UE. Otra cifra escalofriante es la que revela que 1,7 millones de niños menores de cinco años mueren en el mundo a causa de la contaminación ambiental.

La aplicación de las nuevas tecnologías ha ayudado a mejorar los sistemas empleados para la monitorización y el análisis de la calidad del aire. Así, el Internet de las Cosas y el Big Data pueden tener un papel relevante en la lucha contra el cambio climático. Ya es posible controlar en tiempo real la contaminación en puntos concretos de ciudades o de diferentes áreas. El control de la calidad del aire ya es una tarea más de las conocidas como Smart Cities.

La gran cantidad de datos que nos proporciona el Big Data, procesada y analizada de manera correcta puede ayudar a esta lucha y a proteger tanto al planeta como a sus habitantes. Las soluciones basadas en el Internet de las Cosas y enfocadas a sectores como la industria, la agricultura, el transporte, las ciudades, etc., ya están poniéndose en marcha y pasando al plano práctico.

Actualmente, y especialmente las ciudades, están cada vez más conectadas. El objetivo principal de esta transformación urbana se basa en conseguir mejorar la calidad de vida de los habitantes, alcanzar un desarrollo sostenible y reducir la contaminación. La monitorización del entorno a través de sensores en tiempo real permite conocer datos sobre el mismo: calidad del aire y del agua, olores, estado del tráfico, aglomeraciones… En áreas más rurales, permite saber el estado de animales, plantas, avisar de incendios en tiempo real para poder intervenir de manera más rápida y evitar grandes desastres, etc. Por ejemplo, realizar una gestión smart del tráfico de las ciudades a través de vehículos conectados y semáforos con sensores podrá reducir las emisiones de CO2 diarias, beneficiando al medio ambiente y a la salud de los ciudadanos de esas ciudades.

En definitiva, es importante que las empresas tomen conciencia sobre los efectos del cambio climático y desarrollen herramientas tecnológicas capaces de contribuir a la reducción del consumo de energía, de CO2 y de mejorar el rendimiento energético. Son numerosas las ciudades concienciadas sobre la necesidad de medir la contaminación del aire y adoptar medidas para reducirla. El Internet de las Cosas y el Big Data pueden ser los dos grandes aliados del ser humano para disminuir el impacto negativo de nuestro paso en el planeta. Las empresas ya están trabajando en ofrecer soluciones en este campo mucho más accesibles, escalables y económicamente viables.

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